La historia de Bazán Seguridad desde 1982

Una vida dedicada a cuidar la seguridad de otras personas

No es solamente la historia de una cerrajería. Es la historia de una familia que construyó confianza trabajando, aprendiendo y respondiendo durante más de cuatro décadas.

Nuestra historia

Hay historias que no empiezan el día que abre un negocio

Empiezan mucho antes.

Empiezan cuando una persona aprende un oficio y descubre que hacer bien un trabajo puede cambiarle el día a alguien. Empiezan cuando otra persona entiende que detrás de cada cliente hay una preocupación, una urgencia o una familia esperando una solución.

La historia de Bazán Seguridad comenzó de esa manera. Mucho antes del 1 de agosto de 1982. Y todavía continúa.

Cuando Carlos Bazán y Mabel Garcialoredo abrieron su local en Falucho 2190, Carlos tenía 27 años y Mabel 21. No estaban pensando en construir una empresa que seguiría activa más de cuatro décadas después. Estaban pensando en trabajar, llegar a fin de mes y hacer bien cada tarea que entrara por la puerta.

No había departamentos, sistemas informáticos ni una gran estructura. Había una duplicadora para llaves doble paleta y tipo Yale, algunas herramientas, un cuaderno de trabajo y dos personas dispuestas a sostener cada compromiso.

Antes

El oficio antes de la empresa

La historia comenzó en una familia vinculada a la cerrajería en Buenos Aires. El padre de Carlos era mecánico, pero varios de sus primos se dedicaron a las cerraduras y se enseñaron el oficio entre ellos. En un momento llegaron a funcionar simultáneamente más de diez cerrajerías familiares.

La más representativa fue Cerrajería El Vasco, que llegó a tener tres sucursales cerca del Obelisco y en el microcentro porteño. Su propietario era Rubén López, primo de Carlos. Carlos también fue propietario y trabajó allí, además de pasar por otras cerrajerías de la familia.

Rubén fue uno de sus maestros. La enseñanza era directa, como se transmitían antes los oficios: mirar con atención, recordar cada movimiento, probar y aceptar la corrección de quien sabía más.

“Mirá cómo lo hago y aprendé.”

Carlos empezó a trabajar alrededor de los veinte años. Aprendió cerraduras, puertas, cajas fuertes y mecanismos muy diferentes. También aprendió que un trabajo no terminaba cuando él decía que estaba listo: debía funcionar bien y el cliente tenía que comprobarlo.

1982

Dos fundadores y un mismo proyecto

El 1 de agosto de 1982 abrió Cerrajería Casa Bazán en Falucho 2190, el mismo lugar donde hoy funciona Bazán Seguridad.

Carlos Bazán, fundador y maestro del oficio

Carlos Bazán

Fundador, referente técnico y formador. Una vida dedicada a comprender mecanismos y encontrar soluciones.

Mabel Garcialoredo, fundadora y organizadora de Bazán Seguridad

Mabel Garcialoredo

Fundadora, organizadora y responsable de la atención, la administración y los vínculos que sostuvieron la empresa.

Carlos hacía lo que mejor sabía hacer: resolver problemas. Observaba una cerradura, una puerta o una caja fuerte hasta comprender qué estaba ocurriendo. Trabajaba con velocidad y precisión, pero también con una idea que mantuvo durante toda su vida: encontrar la solución más conveniente para el cliente, aunque no fuera la más cara.

Con los mecanismos era metódico y preciso. Con los papeles, en cambio, podía ser bastante desorganizado. Allí estaba siempre Mabel: ordenando el cuaderno, registrando cada llamado, organizando recorridos, controlando la caja y evitando que una dirección, una cuenta o una promesa quedaran en el camino.

Mientras Carlos estaba trabajando en una puerta, Mabel hacía posible que la empresa siguiera funcionando. Contestaba el teléfono, recibía a quien llegaba preocupado, trataba con proveedores y llevaba las cuentas corrientes de las administraciones.

Los trabajos se anotaban en un cuaderno sobre el mostrador. Allí estaban las direcciones, las llamadas y las promesas pendientes. Mabel conocía a administradores y encargados por su nombre. Recordaba edificios, conversaciones y trabajos realizados años atrás. Su trato era cercano y justo.

Carlos encontraba soluciones para casi cualquier problema técnico. Mabel hacía posible que esa capacidad se convirtiera en una empresa que cumplía, crecía y seguía respondiendo al día siguiente.

Sus hijos crecieron dentro de ese mundo. La cerrajería no era solamente el lugar de trabajo de sus padres. Era el escenario cotidiano de la familia: herramientas, llamadas, clientes, salidas urgentes y una persiana que se abría cada mañana.

4 años

El sótano

Había un objetivo: comprar el local.

Carlos y Mabel querían dejar de depender de un alquiler y asegurar un lugar propio para la empresa y la familia. Pero Argentina atravesaba la hiperinflación. El dinero perdía valor con una velocidad feroz y cualquier proyecto a largo plazo podía deshacerse en semanas.

Entonces tomaron una decisión que hoy cuesta imaginar.

Durante aproximadamente cuatro años, Carlos, Mabel y sus hijos mayores, Carlos y Juan Manuel, vivieron en el sótano del local. Era un espacio sin ventanas, transformado en vivienda. Arriba funcionaba la cerrajería. Abajo vivía la familia.

No fue una anécdota simpática ni una escena romántica. Fue una etapa dura, incómoda y prolongada. Cada gasto evitado era un pequeño avance. Cada trabajo terminado acercaba un poco más el objetivo. Mientras el país cambiaba precios, reglas y expectativas, ellos seguían trabajando.

Arriba sonaba el teléfono.

Arriba entraban los clientes.

Arriba se copiaban llaves y se reparaban cerraduras.

Abajo crecía la familia.

No hubo atajos ni un golpe de suerte. Hubo jornadas largas, renuncias y una decisión compartida: resistir hasta lograrlo.

Finalmente compraron la propiedad. Las llaves del local dejaron de ser las de un alquiler y pasaron a ser las de su propia casa. Bazán Seguridad continúa funcionando allí.

Falucho 2190 no es solamente una dirección comercial. Es la prueba física de cuatro años de sacrificio y de una familia que apostó su comodidad presente para construir un futuro.

24 h

La confianza se ganó de madrugada

Son las tres de la mañana.

Suena el teléfono.

Una familia quedó afuera de su casa.

Carlos se viste, toma las herramientas y sale.

Mabel queda despierta, esperando que vuelva.

No pregunta si es domingo. No importa si llueve, si hace frío, si es Navidad o cuánto falta para que amanezca. Hay una puerta que debe abrirse y alguien esperando del otro lado del problema.

Durante cerca de cuarenta años, esa escena se repitió una y otra vez. Miles de aperturas. Miles de urgencias. Miles de personas que pudieron volver a entrar a su casa porque Carlos respondió.

Pero esa guardia también era de los dos. Carlos recorría la ciudad; Mabel atendía el llamado, registraba el trabajo y permanecía despierta hasta escuchar que había regresado. La madrugada terminaba cuando ambos sabían que el problema estaba resuelto.

No era una estrategia comercial. Era una forma compartida de asumir el oficio.

Así se construyó la confianza. No con publicidad, sino llegando cuando los llamaban. No con promesas, sino dejando que cada mecanismo funcionara y pidiendo al cliente que lo probara antes de retirarse.

También se construyó con honestidad. Carlos trataba de encontrar la alternativa más económica que resolviera correctamente el problema. Si una cerradura podía repararse, no proponía cambiarla sin necesidad.

Administradores de consorcios, encargados, familias, empresas e instituciones aprendieron a pedir por él. Muchas personas preferían esperar hasta que Carlos pudiera atenderlas. Sabían que conocía el oficio, pero sobre todo sabían cómo trabajaba.

La confianza no fue el punto de partida de Bazán Seguridad. Fue el resultado de miles de trabajos bien hechos.

Mientras Carlos recorría la ciudad, Mabel sostenía la otra parte de esa confianza. Calmaba a quien llamaba preocupado, coordinaba horarios, recordaba cada compromiso y mantenía relaciones que se extendieron durante décadas.

Por eso la historia no es la de un técnico brillante acompañado por su esposa. Es la de dos fundadores que hicieron cosas diferentes e igualmente necesarias para que una empresa pudiera durar.

Siempre

Cada crisis obligó a volver a empezar

Argentina cambió una y otra vez. Cambiaron las monedas, los gobiernos, las reglas económicas, los precios, el crédito y las posibilidades de invertir. Bazán Seguridad atravesó la hiperinflación, la crisis de 2001, recesiones, devaluaciones y la pandemia, además de innumerables dificultades cotidianas propias de sostener una empresa y un equipo.

La historia no fue una línea ascendente. Hubo etapas de expansión y etapas de reorganización. No todos los proyectos continuaron para siempre ni cada inversión produjo resultados inmediatos. Algunas decisiones exigieron corregir el rumbo y otras obligaron a aprender una actividad completamente nueva.

Pero cada mañana alguien volvió a abrir la persiana de Falucho 2190.

La respuesta a las crisis fue el trabajo constante: atender mejor, controlar gastos, reparar herramientas, capacitarse, incorporar tecnología cuando era posible y conservar la relación con los clientes.

El oficio volvió a empezar muchas veces

Las cerraduras cambiaron. Primero llegaron nuevas soluciones mecánicas y las cerraduras computadas. Después los controles de acceso, las tarjetas y los llaveros de proximidad. Más tarde las cerraduras digitales, las aplicaciones, las llaves codificadas, los telemandos y la programación de vehículos.

Cada cambio obligaba a estudiar, invertir y reconocer que la experiencia anterior no alcanzaba por sí sola. El oficio volvía a empezar. Bazán Seguridad decidió aprender una y otra vez.

Desde 1982 se realizaron puertas blindadas adaptadas, cierrapuertas aéreos y de piso, puertas Blindex y trabajos con cajas fuertes mecánicas y electrónicas. En los años noventa se incorporaron cerraduras computadas. Las especialidades se fueron acumulando: la tecnología nueva no eliminó el conocimiento anterior.

La profesionalización

En 2004, Carlos Bazán hijo asumió la dirección general de una etapa de transformación. Gran parte de la gestión todavía se realizaba en papel. Se informatizaron los registros y se incorporaron herramientas de gestión, contabilidad y control. El equipo pasó de unas cinco personas a alcanzar alrededor de veinticinco.

También se renovaron la identidad, los uniformes y los vehículos. Se incorporaron una Kangoo, varias motos y nuevas formas de comunicación móvil. La empresa pudo coordinar más trabajos y atender de manera más organizada a administraciones, consorcios y empresas.

Lockcenter y una red provincial

Entre 2007 y 2011 funcionó Lockcenter, un mayorista distribuidor para cerrajerías y ferreterías que vendió en toda la provincia de Buenos Aires. Fue una etapa de expansión, aprendizaje comercial y contacto con profesionales de muchas ciudades.

Controles de acceso desde 2007

El principal impulso técnico de aquella etapa fueron los controles de acceso. Carlos Bazán hijo identificó su potencial, incorporó la parte informática y promovió su llegada a Mar del Plata. Carlos fundador aportó el conocimiento de puertas, cerraduras, instalación y funcionamiento mecánico.

El primer sistema se instaló en un consorcio de la Administración Gabilán y utilizaba micro llaveros de proximidad. Desde entonces, Bazán Seguridad instaló más de mil controles de acceso y conserva registros y servicio técnico de muchas de esas instalaciones.

1982Inicio de la empresa familiar
2004Transformación e informatización
2007Controles de acceso
+1.000Sistemas instalados históricamente

Ese mismo año, al cumplirse los 25 años, el diario La Capital de Mar del Plata publicó por iniciativa editorial un suplemento especial de cuatro páginas sobre la historia de la empresa.

Portada del suplemento Cerrajería Bazán 25.º aniversario publicado por La Capital en agosto de 2007
Agosto de 2007. Portada del suplemento especial “Cerrajería Bazán, 25.º aniversario”, publicado por La Capital de Mar del Plata. La edición reunió a la familia y al equipo de aquel momento para contar la trayectoria de la empresa.
Familia

Nuevas responsabilidades sin reemplazar a los fundadores

Los cuatro hijos crecieron viendo cómo se trabajaba, cómo se cumplía y cómo una palabra dada a un cliente debía convertirse en una tarea terminada.

Con el tiempo fueron incorporándose, primero observando y ayudando, después trabajando y finalmente asumiendo responsabilidades propias.

Carlos Bazán hijo

Dirigió la etapa de profesionalización desde 2004 hasta 2015. Impulsó la informatización, la expansión del equipo, Lockcenter, los controles de acceso y las cerraduras para hoteles con tarjeta.

Juan Manuel Bazán

Trabajó como cerrajero aproximadamente entre 2002 y 2006. Heredó la habilidad técnica de su padre y realizó cerraduras doble paleta, computadas, puertas blindadas y trabajos generales.

María Eugenia Bazán

Desde 2015 dio continuidad a la administración. Asumió funciones de facturación, proveedores, cobranzas, atención y seguimiento de trabajos y administraciones.

Facundo Bazán

Se incorporó operativamente en 2015 como aprendiz y recibió su formación técnica directamente de Carlos. Hoy lidera la operación cotidiana y la evolución técnica de la empresa, con especial impulso en cerraduras digitales y cerrajería automotor.

La participación de los hijos nunca significó que Carlos y Mabel desaparecieran de la empresa. Continuaron presentes en las decisiones generales, la supervisión, la formación y el control de calidad.

La segunda generación no reemplazó a la primera. Creció dentro de ella.

Una escuela de oficio y de conducta

A lo largo del tiempo pasaron por Bazán Seguridad entre cien y doscientas personas: cerrajeros, técnicos, aprendices, administrativos y colaboradores. Algunos permanecieron durante muchos años. Otros continuaron después sus propios caminos.

La empresa fue una escuela práctica. Se aprendía mirando, haciendo, preguntando y aceptando que todo trabajo debía ser revisado. Pero para Carlos y Mabel la enseñanza principal era anterior a la técnica.

“Primero buenas personas; después, buenos técnicos.”

Un cerrajero entra en lugares donde pocas personas entran. Llega cuando alguien perdió las llaves de su casa, cuando un comercio no puede abrir, cuando una familia sufrió un robo o cuando un edificio necesita volver a funcionar.

En ese momento el cliente no entrega solamente una cerradura. Entrega confianza.

Por eso la honestidad, la discreción, la cercanía, el cuidado de la propiedad ajena y el respeto siempre estuvieron antes que cualquier habilidad con una herramienta.

Hoy

El pasado aplicado al presente

Hoy Bazán Seguridad combina las especialidades acumuladas desde 1982 con tecnologías que entonces no existían.

Carlos y Mabel continúan siendo la raíz de la empresa. Él sigue aportando experiencia, criterio técnico y supervisión en cerrajería del hogar, cajas fuertes y controles de acceso. Ella mantiene el orden administrativo, la facturación y esa memoria cotidiana que durante décadas sostuvo cada compromiso.

Sobre esa base, Facundo lidera actualmente la operación y la evolución técnica de Bazán Seguridad. Su etapa profundiza dos áreas que representan el presente y el futuro del oficio: las cerraduras digitales y la cerrajería automotor, con llaves codificadas, telemandos, proximidad y programación según compatibilidad.

La continuidad no consiste en repetir lo que se hacía en 1982. Consiste en conservar el criterio de Carlos y Mabel mientras se incorporan herramientas, conocimientos y tecnologías nuevas.

La trayectoria y el trabajo profesional de la empresa cuentan además con el aval de CACEBA.

Hoy Carlos sigue entrando por la misma puerta que abrió siendo un joven de 27 años. Mabel continúa ocupándose de la empresa que ayudó a construir desde el primer día. Sus hijos asumieron nuevas responsabilidades y nuevas personas forman parte del equipo.

Las herramientas cambiaron. Los vehículos cambiaron. Las cerraduras cambiaron. La ciudad cambió.

Pero permanece la convicción de que el prestigio no se compra, no se hereda y no se anuncia. Debe volver a ganarse al día siguiente.

Una historia que continúa

Hay empresas que nacen para aprovechar un momento. Otras atraviesan generaciones.

Bazán Seguridad pertenece a estas últimas.

Desde aquel 1 de agosto de 1982 cambiaron las cerraduras, las herramientas, los vehículos y la tecnología. También cambió la ciudad y la manera en que las personas se relacionan con la seguridad.

Lo que nunca cambió fue aquello sobre lo que Carlos Bazán y Mabel Garcialoredo decidieron construir esta empresa: trabajo, honestidad, responsabilidad y el compromiso de responder cuando alguien deposita su confianza.

Hoy esa historia continúa con Facundo al frente de la operación, una nueva generación y un equipo que incorpora soluciones digitales y automotrices sin perder el oficio aprendido durante más de cuatro décadas.

Porque una cerradura puede abrir una puerta. La confianza, en cambio, se construye durante toda una vida.

Trabajo tras trabajo. Puerta tras puerta. Cliente tras cliente. Desde el 1 de agosto de 1982.

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